jueves, 25 de mayo de 2017

MASPALOMAS: ¡¡¡QUE VIENEN LA FIESTA!!!!.



Por Pedro José Franco López
Técnico en Patrimonio Histórico y Cultural.



En estos momento de "boom" turístico en los que se baten records cada mes, se nos viene a la memoria aquel entrañable programa del año 1.965, que constaba de tan sólo una cuartilla de color azul.

Pero, eso, sí con un párrafo en inglés. Curiosamente, a tan sólo un año de inaugurarse las primeras instalaciones turísticas en San Agustín y siete meses antes de inaugurarse el primer hotel, el Folías, ya el programa venía con un texto en inglés: “May 30 th a nice holiday in Maspalomas for the day of San Fernando”; escueto, pero un gran referente hoy en día, pués desde ya se vislumbraba la vocación hospitalaria y turística del pueblo de Maspalomas y su gente.

Ay que decir que, en Maspalomas, se celebraban fiestas desde tiempos inmemoriales. Según informantes ya desaparecidos, consistían tan sólo en sacar los santos a la Era, frente a la Ermita de San Fernando y poco más; alguna carrera pedestre entre los mayores del lugar y, según comentan vecinos del pueblo de Berriel, llegaron a ver Luchadas frente la Ermita y, sin más terrero que el propio empedrado de la era. Por supuesto, ni hablar de tirar voladores en las inmediaciones de la era y la gañanía, por peligro de incendio en los pastos y cosechas de la labranza.

En aquellas fiestas, los actos eran de lo más sencillos y elementales, se pogramaban en tan sólo dos días, el 29 y 30 de mayo: Rosario cantado, Misa armonizada, Carreras de Cintas en bicicleta, Carreras pedestres, un partido de Fútbol y una velada de Boxeo.

Ya en 1967, se puso una pica en Flandes y se innovó con dos actos: Engalanamiento y embanderado de calles y Paseo y Música. Lo del “paseo y música” era al mismo tiempo una fuente de ingresos para la organización, pues, por cada “disco dedicado” que encargaras, tenías que aportar cinco duros; la dedicatoria y la canción llegaba a todos los rincones del pueblo mediante un amplificador, un tendido de cables y bocinas instaladas en puntos estratégicos y, por llegar, nos llegaba también a través de las bocinas, la Diana Floreada el día de la Fiesta principal.
 
A partir de la inauguración del Poblado de San Fernando y del auge de la aparcería, la fiesta adquiere otra dimensión…, pués coincidía con el fín de la zafra y, servían de despedida de los aparceros, que volvían a sus pueblos de origen a pasar el verano.

Ya en estas fiestas de la “era moderna”, cómo se celebraban lejos de la Era y, todo hay que decirlo, la cosecha no era como para subirse por las paredes, nos podíamos permitir el lujo de exhibiciones pirotécnicas y, como las patrocinaba el Condado de la Vega Grande, su encargado, José Antonio Borrego, con la factura del fueguista en la mano, contaba los voladores –uno a uno-, por ver si le cuadraba.


Al ser San Fernando, (en otros tiempos), patrón de la Juventud española en general y, de la nacional-sindicalista en particular; en Maspalomas se daban cita cada 30 de mayo organizaciones de la OJE de casi toda la isla, además de las del propio pueblo de Maspalomas. Se organizaban desfiles ante el santo después de la Procesión y, en la puerta de la Iglesia, tenía lugar la entrega de diplomas, condecoraciones y la solemne Renovación de Promesas. Incluso la Diana Floreada por el pueblo llegó a hacerse con Bandas de Cornetas y Tambores.

Bueno, con el tiempo y obvias evoluciones se van quedando por camino eventos que se descolgaban por sí solos y que no se echan a menos y otros que aún añoramos todos, por contar los más sencillos: Los “Papagüebos” y el Toro de fuego.


En cuanto se reúnen un grupo de maspalomeros de la época, inevitable comentar de cuando extendíamos las “tongas” de picón que dejaba el camión, por las calles del poblado de San Fernando; todo sea dicho, para fastidio de las chicas que, con los pedruscos del picón se le pelaban los tacones de los zapatos. (Algunas llegaban a la Iglesia con cholas y los zapatos en una bolsa).

Atrás queda por ejemplo: las famosas Tiradas de soga entre Maspalomas y el Tablero y, el secretismo que existía entre los dos pueblos por ver qué equipo se hacía con los barqueros más fornidos de Las Burras, para que les hiciera de refuerzo en el equipo. ¿El premio? Una caja de botellines de cerveza.

Ya se borran en el recuerdo las populares Peleas de Carneros, que se eliminan de la programación a partir de cuándo dos carneros prefirieron hacerse el amor y no la guerra. Y las Peleas de Gallos, organizadas por un aficionado acérrimo: Salvadorito, guarda jurado de las fincas del conde.


Y las Carreras de Caballos que, para asombro de los lugareños, invadían el pueblo multitud de aficionados de la ciudad de Telde. Espectaculares las Tiradas al Plato, que llegaron a congregar en alguna ocasión hasta ciento cincuenta escopetas, por lo que llegó a plantearse a la construcción de un campo de tiro; incluso con propuestas de una espaciosa zona entre El Lomo de Maspalomas y la Degollada de la Yegua.

Era de prestigio insular el Torneo de fútbol de San Fernando que nace por principio de los años 70 y el trofeo en disputa era donado por el cura del pueblo: Don Manuel Montesdeoca Hernández. Y, pioneras en su género y modalidad, las “24 horas de Fútbol-Sala”, por las que desfilaron los mejores equipos de la isla grancanaria.

No podemos terminar esta columna sin nombrar a aquellos a los que se les debe, en gran manera, la organización de aquellas fiestas de principio de la década de los sesenta: Antoñito Pérez, Alfredito Sánchez; Rafael Rodríguez Perera; Antonio Miranda Pérez; Enrique Rodríguez (Enrique Falange); Juan Sánchez; Juan Franco López; Roberto Quiroga; Pepe Alemán; Maestro Lorenzo;etc.

Y los que cogieron el testigo años después: Antonio Martín Falcón; Juana Delgado Pérez; Sebastián Ravelo Gutiérrez; Pino y Chana Franco; Carmelo Fabelo; Juan D. Afonso; Gerardo Perera; Francisco Santiago León y tantos y tantos otros.

Terminamos fardando de algo que se consideraba insólito por aquellas épocas e incluso en las fechas de hoy en día. En Maspalomas, aún en fechas contemporáneas con el Antiguo Régimen, la presidencia de las Fiestas era elegida mediante votación popular. Tanto es así que se llegó a insertar anuncios publicitarios en prensa escrita -de los de pago- comunicando al pueblo la reunión que iba a tener lugar, con el siguiente orden del día: 1º: dar cuenta del Estado de cuentas de las Fiestas del año anterior. Y, 2º: elegir al Presidente y Comisión de Fiestas del próximo año.

Mucho hay que hablar y tratar sobre el tema; cincuenta años da para mucho y, de la época reciente, la de la era digital, tiempo habrá de contarla.