lunes, 20 de abril de 2015

MASPALOMAS LIMITA AL ESTE CON BERRIEL

Por Pedro José Franco López.
Técnico en Patrimonio Histórico y Cultural.



En aras del progreso y el porvenir en Maspalomas hemos podido comprobar cómo desaparecen de la faz de la tierra tres núcleos de población y, en la práctica, desaparecidos también sus topónimos; por casualidad los tres empiezan por la letra “B” y ellos son: Berriel, Buenavista y Burras. En esta primera entrega vamos a centrarnos en Berriel, pueblo –hay que llamarlo así, por su envergadura, cantidad de vecinos y autosuficiencia demostrada-, estaba situado frente mismo a dónde se ubica el Aeroclub Gran Canaria y poco antes de llegar a la urbanización Bahía Feliz, en Maspalomas, dirección Las Palmas-Sur.

Oficialmente y acordado en Pleno corporativo del Iltre. Ayuntamiento de San Bartolomé de Tirajana, Maspalomas limita al Este con Berriel, esto es así –oficialmente-, desde hace algunos años pues, por diversas cuestiones se vio necesario el delimitar geográficamente el topónimo: Maspalomas.

Este Topónimo viene registrado en “La Toponimia de Gran Canaria” y, como: Barranco de; Cuarterías ó Caserío de; Llanos de y Morro de. Y si seguimos indagando nos encontramos que el antro-topónimo se corresponde con un apellido francés cuya primera aparición en Canarias data de cuando el día primero de mayo de 1402 Jean de Béthencourt y Gadifer de La Salle salieron de La Rochelle a conquistar las Canarias; viajando con ellos y como Cronista el clérigo o capellán Jean Le Verrier.


En el mapa de la isla de Gran Canaria realizado por Manuel Pérez y Rodríguez en 1896, menciona el topónimo como Barranco de Birriel, que terminaría por conocerse como Barranco de Berriel.

Este barranco es una de las rutas clásicas del senderismo por el Sur de la isla de Gran Canaria, que nos lleva hasta Barranco Hondo; que se ha definido como el Gran Cañón de Canarias y al Arco del Coronadero (arco natural de piedra más grande de la Isla). Estos parajes son de una naturaleza indescriptible y lugar de numerosos yacimientos e indicios de asentamientos aborígenes, entre los que cabe destacar los singulares y misteriosos mojones o torretas de piedra de Altos del Coronadero, colocados en un lugar inaccesible por los antiguos canarios y que según algunas teorías tenían la función de calendario solar; hablamos del perímetro de Amurga; dónde se encuentra una de las dos montañas sagradas de los antiguos canarios; la primera era Tirma y, la segunda, Montaña de las Tabaibas, situada frente a Arco del Coronadero.
 
Pero centrándonos en lo que de verdad queremos abordar, Berriel fue un asentamiento poblacional con entidad de pueblo, en el que convivieron en su momento más álgido hasta 2.500 habitantes, según los informantes a los que hemos recurrido; la procedencia de éstos fue desde distintos puntos de la isla, sobre todo del Norte; incluso algunas casas de familia llegaron desde la isla de Lanzarote.

A día de hoy, si queremos averiguar cuantas familias poblaban Berriel, tendríamos que dividir para 3 o 4 esta cantidad, pero por aquellas fechas, según hemos constatado, la media por familia venía a ser de 6, 9 ú 11 hijos por familia; por lo que no exageramos si decimos que Berriel fue el núcleo urbano más importante de la aparcería de todo el sur grancanario, pues ciento cincuenta fanegadas de tomateros representaban el campo de acción de aquellos aparceros.

Es fácil imaginar el atropello de conversación que se genera cuando cinco personas, que pasaron juntos su niñez, juventud y primeras aventuras y sacrificios juntos, se reúnen para revivirlas. Aún así, pudimos sonsacarles que Berriel nunca fue una Cuartería al uso, sino todo un pueblo, en el verdadero sentido del término. Según nos cuentan, más pueblo que Juan Grande, Castillo del Romeral o Maspalomas.

 

Y nos dicen que los muros de las cuarterías, el pozo y el propio Almacén de empaquetado eran bastante sólidos, construidos con sillares de picón rojizo. Que fueron testigos (Berriel quedaba como en primera línea de playa), como en 1954 les llegaba la invasión de una plaga de cigarras que arrasó por todos los cultivos. Que los niños iban a la Escuela Nacional de Juan Grande y los mayores aprendían a leer, escribir y las cuatro reglas con el maestro Rubén Darío, de Berriel y procedente de Gáldar.

Contaban con Tienda de comestibles, de las de “desde una alfiler hasta un elefante”, la de Francisco Romano y Carmen Perera y el Economato de Berriel; Barbería, la de Fernando García, aunque un tal Ceferino Espinosa pelaba gratis, para aprender. Con partera propia: Lolita que, a su vez, era la Enfermera y casi médica del pueblo.

A la pregunta de si hacían vida comunitaria con pueblos vecinos, por ejemplo: Juan Grande o Maspalomas, nos dicen que no;  que eran autosuficientes en Berriel, incluso con Misa todos los domingos, a la que iban todos, para no trabajar. Cada domingo, tenían sesión de cine, con las películas que les iba a proyectar Don Pedro Vega, el del Tablero y que lo hacía en el Almacén de empaquetado. Y en el almacén también se celebraban Bodas, Bautizos, Primeras Comuniones, así como Bailes, cada vez que se reunían un par de cuerdas.
 
Recuerdan cuando con inusitada curiosidad contemplaban pasmados unas maniobras militares gigantescas en el año 1963, con tanques de guerra, con barcos e incluso portaviones de los que salían innumerables vehículos anfibios y que llegaban hasta la misma playa de Berriel.

Como no podía ser menos, tenían su propio equipo de fútbol, el C.F.Berriel y celebraban liguillas entre los equipos de los alrededores, como los de Juan Grande, el Castillo, Las Burras, Maspalomas y el Tablero. A este respecto, anécdotas para todos los gustos: desde que cuando se picaba el balón, se suspendía el partido; hasta cuando un balón cayó al agua (el campo estaba dónde hoy la pista de aterrizaje del Aeroclub), se lanzaron nadando a buscarlo, incluso con una barca y no hubo forma; mucho más tarde se enteraron que apareció por Veneguera. Y la de que cuando jugaban con Las Burras, siempre se disputaban la misma copa.

Hasta sus propias Fiestas llegaron a tener, en que sacaban en Procesión a la Virgen de la Milagrosa y, según nos cuenta Domingo Pérez, causó gran pesar cuando, extrañamente, desapareció esta imagen a principio de los setenta.

Por estas fechas, cuando la industria turística empieza a afianzarse y los cultivos de tomate a decaer, se van destruyendo las Cuarterías de Berriel y sólo queda en pié el edificio del almacén de empaquetado, que convertido en soporte publicitario de grupos políticos por campañas electorales, con siglas y Slogan que se mantenían durante años. Finalmente, el 7 de agosto de 1998 es derribado y desaparece así el último vestigio de lo que fue todo un pueblo y un referente en los trabajos aparceros del Sur grancanario.

Atrás quedan los sacrificios de tantos hombres y mujeres. Ellas nunca van a olvidar los sacrificios para cuidar y alimentar familias tan numerosas. Ellos tampoco olvidan aquellos veranos, de inclemente sol, despedregando laderas y que les colgaron a los 15 años una máquina de sulfatar a la espalda. Pero nos quedamos con aquello que también nos decían: que recuerdan haber pasado en Berriel los mejores y más felices años de sus vidas.
 


LOS ÚLTIMOS DE BERRIEL:

“Los últimos de Berriel”. Quizá no fuera así exactamente, pero queremos parafrasear el título de aquella película de “Los últimos de Filipinas”, para presentar a los cinco contertulios que nos han hecho de informantes. Ellos son, de izquierda a derecha:

Santiago Pérez: que se jubila después de estar 30 años de chófer con Salcai. Ignacio Betancor: que aprovecha el “boom” turístico, primero en la construcción y después como  Servicio Técnico y mantenimiento de Discotecas y Restaurantes. Juan Cabeza: Que, cuando su familia abandona Berriel, ingresa en el Cuartel, hace de chófer y se jubila siendo Policía Municipal. Anastasio Pérez: que después de la aparcería, se busca la vida de chófer en los piratas y finalmente, de Taxista en Las Palmas de Gran Canaria, durante 42 años. Y Domingo Pérez: que, una vez se marcha de Berriel, pasa al mundo de la hostelería como Servicio Técnico en los apartamentos Santa Mónica, durante 42 años.

Los hermanos Santiago, Anastasio y Domingo Pérez, llegan a Berriel desde Haría –isla de Lanzarote-, en el año 1954 y cuentan que sus padres se aventuraron a venirse a Gran Canaria, después de que les prometieran que en Berriel iban a tener luz, agua corriente y baños en el domicilio. Nada de esto vieron al llegar; pero aún así, se quedan y pasan a formar parte de la sociedad grancanaria.

Todos ellos, una vez  estalla el “boom” turístico y se inicia el declive de la Aparcería, van abandonando Berriel, la mayor parte de ellos con destino a la Barriada de Yeoward, otros a Casa Pastores; algunas familias al Castillo del Romeral y, por ejemplo: los Cabeza, lo hacen al Lomo Moral –Juan Grande).
  
 JUAN CABEZA LÓPEZ. Que propició el encuentro de los cinco informantes que se han prestado a colaborar con esta columna sobre Berriel, cuenta con la edad de 75 años –muy bien llevados-, llegó a Berriel en el año 1952, pero antes ya había estado en Cuarterías del Matorral y el Salinero.

Después de salir del Cuartel, es chófer en la Agencia de Viajes Insular durante 9 años y, en el año 1974, gana la plaza de Policía Municipal en el ayuntamiento de San Bartolomé de Tirajana, dónde tuvo como Jefes a Antonio Lindosa, Darío Hernández y Juan Campos.

Sus padres, que siempre cultivaron con Quintana Moreno, fueron José Cabeza García y Esperanza López Carreño y formaron una familia de 11 hijos: 6 mujeres y 5 hombres.

Juan, en el transcurso de la reunión que mantuvimos, por momentos repite una y otra vez lo gran mujer que fue su madre y todos sus recuerdos los condensa en que “ha tenido una vida muy feliz”, a pesar de que, en una sóla habitación pudieran pernoctar hasta 7 personas; que con sólo 11 años su salario era de nueve pesetas a la semana y que en la época del Matorral, mientras su madre lavaba la ropa de los más pequeños de la casa y ésta se secaba, tenían que andar desnudos, porque no había otra muda.