jueves, 29 de mayo de 2014

SAN FERNANDO: EL HOMBRE, EL REY, EL SANTO.



Todas las crónicas coinciden en que, en igual medida, era temido y admirado por sus enemigos, a los que trataba caballerosamente.


Por Pedro José Franco López
Técnico en Patrimonio Histórico y Cultural.


La Biografía de Fernando III, el Santo, Rey de Castilla y León (San Fernando) y, por proximidad evidente, patrón de Maspalomas; supone no sólo el conocimiento de una vida apasionante y misteriosa en la que se unen los más elevados pensamientos de espiritualidad con las aventuras guerreras más feroces, sino también la encarnación en su persona de las instituciones más características de la Edad Media: la Caballería, la Monarquía, la Guerra y los grandes hechos de armas: el amor ardiente y profundo, el Arte, la Santidad…

Como Rey, consiguió reunir definitivamente las coronas de Castilla y León. El reino de Castilla lo heredó en vida de su madre Berenguela y, accedió al trono de León porque Teresa de Portugal así lo dispuso, aunque sus dos hijas fueras legítimas herederas y a pesar de que su padre, Alfonso IX de León, invadiera las tierras de Castilla para conquistarlas, logró por procedimientos que todavía sorprenden no enfrentarse a él. Y con los miembros de la Casa Lara, que buscaron incansablemente su muerte y la de su madre, ejerció como Rey con una capacidad de perdón tal vez única en la historia de España. Además, todas las crónicas coinciden en que era admirado y temido por sus enemigos, a los que trataba caballerosamente.

Entrando en el terreno de la Santidad, nos dice mucho el que, por su talante conciliador, como Rey, como esposo y padre, como guerrero y cortesano galante, consiguió que, en vida, el pueblo le denominara con el apodo de “el Santo”, cuatrocientos años antes que el pontificado aceptara incluirlo en el catálogo de los santos de la Iglesia Católica.

Son impresionantes las crónicas de la época (en castellano antiguo), cuando describen y detallan los momentos previos a su muerte, y es que al saber próximo su fin, postrado sobre un montón de cenizas, pide que le despojen de todos sus atributos reales, que le quiten las ricas vestiduras que tenía, que quede simplemente con un pobre sallo y además una soga al cuello, como símbolo de humildad.

Momentos antes de fallecer, Fernando III no tiene más que gestos de perdón, de humillación y de contrición. Desde un punto de vista humano, además del de cristiano, no hay nada más impresionante, más profundo, más real, que el exclamar, como él hizo: ... "Desnudo salí del vientre de mi madre, que era la tierra, desnudo me ofresco della. E, Señor, rresçibe la mi anima entre la compaña de los tus siervos"...

Dejó dicho que no se le hiciera estatua yacente en su tumba; pero en su sepulcro grabaron un epitafio impresionante que redactó su hijo (el Rey Alfonso X, el Sabio), en cuatro losas de alabastro y, en latín, castellano, árabe y hebreo y todavía están a un flanco y otro del altar sobre el que reposa la urna de plata, con el cuerpo incorrupto del Santo, en castellano antiguo dice así:.

“Aquí yace el muy honrado Don Fernando, señor de Castiella é de Toledo, é de León, é de Galicia, é de Sevilla, é de Córdoba, é de Murcia, é de Jaén: el que conquistó toda España. El más leal, é el más verdadero, é el más franco,  é el más esforzado, é el más apuesto, é el más granado, é el más sofrido, é el homildoso, é el que más temie a Dios, é el que más le facía servicio, é el que quebrantó é destruyó á todos sus enemigos, é el que alzó é ondró a todos sus amigos, é conquistó la Cibdad de Sevilla, que es cabeza de toda España é passos hi en el prostimero día de Mayo, en la era de mil CC et noventa años”.

En las cuatro lápidas, la fecha del fallecimiento ha generado muchas confusiones y es que en cada una se pone la fecha acorde al calendario latino, castellano, hebreo o árabe.

LA IMAGEN DE “SAN FERNANDO -EL CHICO-”, EL DE MASPALOMAS.

Cuatro son las imágenes de San Fernando que se han venerado en Maspalomas. A saber: dos en la Ermita antigua, porque la conocida como San Fernando -el chico-, solían tenerla en su poder los condes, otra en la Iglesia del Poblado y la cuarta, del artista Paz Vélez, que está en el Templo Parroquial.

Deducimos porque, hasta ahora no hay documentación que lo confirme o desmienta, y arriesgándome mucho-muchísimo, que la advocación de Maspalomas a San Fernando viene a consecuencia del deseo de hacer coincidir la advocación de la Ermita con la de su propio nombre, cuando Fernando Bruno del Castillo Ruiz de Vergara, se une en matrimonio con Luisa Antonia Amoreto del Castillo y a esta pareja el Rey Carlos III, les concede el Título de “Condes de la Vega Grande de Guadalupe”.

La imagen que, desde tiempos inmemoriales se veneraba en Maspalomas y que actualmente goza de todo el fervor popular es la conocida como San Fernando -el chico-, en atención a su pequeño tamaño, unos 23 cms., recibía culto en la ermita levantada junto a la residencia de la Casa Condal en Maspalomas y ahora en el Templo Parroquial. De autor anónimo (casi seguro valenciano), es de madera policromada y, pese a que en algún momento se le dató en el siglo XV, parece más bien una obra del siglo XVII.

La policromía y estofados originales, según opiniones expertas, la convierten en una de las obras más interesantes del Patrimonio Artístico canario. Y es que, con ligeros variantes, parece derivar del modelo original de la Catedral de Sevilla y, nosotros aportamos que también se asemeja al San Fernando de la Catedral de Santa Ana, en Las Palmas de Gran Canaria.

Tanto es así que cuando se organiza la Magna Exposición “La Huella y la Senda”, considerada  como la muestra de arte más importante organizada hasta ahora en Canarias y que estaba compuesta por piezas de escultura, pintura, orfebrería, documentos y ornamentos sagrados procedentes de todo el Archipiélago, del resto de España y de Europa, los comisarios de la Exposición deciden que la imagen de San Fernando, el de Maspalomas, tenía que estar entre ellas, como así fue.

A San Fernando se le suele representar de muy distintas maneras; en el caso que nos ocupa, aparece ataviado con armadura militar, calzas completas y espuelas, cubriéndose los hombros con el manto real y como muestra de su labor como conquistador porta la espada, símbolo de la guerra y de la justicia.

Los otros dos atributos que le son comunes, la corona y la esfera, indican su origen regio, y su condición de gobernante. La corona es uno de los símbolos más importantes, ya que era la manera de honrar al hombre, y es un símbolo de autoridad y distinción real. Por lo que a la esfera respecta es la insignia de poder máximo y simboliza su dominio sobre el imperio. El San Fernando de Maspalomas, a diferencia de las restantes imágenes antes mencionadas, entabla con ésta (con la esfera del mundo) un mudo diálogo, en concentrada y serena meditación espiritual. Apostillamos que la interpretación artística en este caso fue un puro presagio porque, indudablemente, está mucho más acorde a los tiempos interculturales que respiramos hoy en día.