martes, 10 de septiembre de 2013

330 AÑOS DE LA ERMITA DE “MASPALOMA” ó DE SAN FERNANDO.



 Por Pedro José Franco López.
Técnico en Patrimonio Histórico y Cultural.

Desde siempre  y por parte de muchísimas personas, ha sido motivo de curiosidad para unos y de estudio para otros el conjunto arquitectónico que forma la Casa de Srta. Candelaria (conocida como Casa Condal) y la Ermita anexa a la misma y la pregunta “del millón” -la incógnita que todos han querido despejar- es su antigüedad aproximada.

No es desacertado el dato sobre la antigüedad de la Casa de Srta. Candelaria que la estima en la segunda mitad del s. XVIII, pues viene a coincidir con la fecha del matrimonio entre Luisa Antonia Amoreto y Fernando del Castillo, primer Conde de la Vega Grande de Guadalupe (1777). Pero el dato erróneo (que desvelaremos a continuación) es el de fechar igualmente a la Ermita de “Maspaloma” (sin la “s” final, que es cómo se recoge en los documentos de la época) ó la Ermita de San Fernando, que es como la conocemos y denominamos hoy en día.
 Según la “biblia” de los amantes y estudiosos de la historia del Municipio de San Bartolomé de Tirajana: “Los Tirajanas de Gran Canaria”, del Canónigo de la Santa Iglesia Catedral Basílica de Canarias, escritor, investigador y Cronista Oficial de San Bartolomé de Tirajana Don Santiago Cazorla León (1907/2002), cuya personalidad, credibilidad y prestigio está suficientemente reconocida, sitúa la construcción de la “Ermita de Maspaloma” en el s. XVII, más exactamente en el año 1681. Por lo que el pasado año 2011, cumplió 330 años de su construcción.
 
Es este un motivo más que suficiente para júbilo y orgullo, pues el pueblo y la zona turística de Maspalomas consolida su entidad, su identidad, su relevancia y su trascendencia histórica, al mismo tiempo que refuerza sus raíces; con el atractivo añadido del rango que le otorga las huellas dejadas a lo largo de siglos de historia. El historiador Santiago Cazorla León basa sus argumentos en tres pruebas:

En notas encontradas en el Libro editado por la Universidad de Las Palmas: “La Comarca de Tirajana en el Antiguo Régimen”, de Manuel Lobo Cabrera y Vicente Suárez Grimón, que lo constatan.
  La segunda prueba es la que distingue la Ermita de San Fernando de la de Juan Grande, pues en el reparto de las capellanías que hace el obispo Tavira el 27 de junio de 1790 dice que: se entrega una capellanía a la Ermita de Juan Grande, y otra a la Ermita de Maspaloma, ( las dos del Conde); y una tercera a la Ermita de Arguineguín. Como se ve, esta Ermita de Maspaloma no puede ser otra que la de San Fernando.

Y el tercer argumento que esgrime es que, en  la carta del cura de Tunte al obispo Urquinaona del 28 de octubre de 1871, exponiéndole su proyecto de empezar a decir misa un domingo de cada mes en las ermitas de Maspaloma y de Arguineguin. Cuando se refiere a la ermita de Maspaloma -se refiere a San Fernando- y no a la de Juan Grande, donde la misa de los domingos nunca faltó.

Está aún en la mente de todos el hecho de que, previa autorización de la propiedad del inmueble, el Colectivo “Amigos de Maspalomas” hubo de hacer frente a la restauración de la ermita que, ante la desidia y el desprecio de todos los organismos oficiales padecía un deterioro considerable y prueba evidente de este menosprecio, es que en algunas elecciones Municipales hizo de Colegio Electoral y, cuando se recapacitó y se trasladó el colegio electoral al interior de la Casa Condal, empapelaban ésta con cartelería propagandística.


Por todo lo expuesto, hemos de agudizar la imaginación y pensar en una Ermita sola y aislada, igual que tantísimas que están repartidas por las zonas rurales de toda Canarias, a la que un siglo después se le acoplaría, en “L”, el edificio de dos plantas de corte señorial por su frontis y un ala de una planta por su trasera.

  Aquí queda expuesto, para satisfacer la curiosidad de muchos, para el estudio de otros, para posteriores investigaciones y, porque no?..., para la discusión.